Hablar sin voz

Sailboat

Somos corazones destrozados, piernas cansadas, consumidas en el lodo hasta las rodillas, esperando una voz en idioma sigiloso e inefable. Nuestros ojos hambrientos deletrean luz de hadas, ansían libertad anulada en el otro. Manada, jauría pálida sin rumbo.

Somos por momentos y somos nada, todo nos distrae al caminar. Cual ojo fuera un rio despistado que fluye moroso e irrefrenable por constantes latidos. Una negra confesión brota de los labios sobre la leche, sobre las vestiduras del santo.

Piélago que nutres la sed de los amantes, que suministras calma a los nadadores de mareas de amor ciego, ruego mi cuerpo empujes hacia un sitial adornado de líquenes o de orquídeas muertas. Llévame a la muerte y su fragancia mentirosa de claveles que gritan y gladiolas mustias de bocas ahogadas.

Bendito sea el descanso de nuestra pena; mil veces por año mi voz no acompaña a mi faz, quiere decir que el tedio sobrepasa el placer de tener cuerpo, forma y labios que no besan sino el hielo maldito de mi jardín desierto de amores, el tedio de una lengua imberbe; mi voz es cauta y no volverá a mí, conoció, encerrada en mi garganta, la sal de la desdicha sobre el predicamento. Sabia es mi voz.

Por montones de años, confió en encontrar el eco de ese nombre, aquel amor bastardo sin culpa de haber alimentado sus esperanzas. Por muchos años más la persecución estéril se mantuvo más activa que nunca, pues el tiempo olvidó aniquilar el deseo irreflexivo, olvidó, como es usual, cortarle las uñas al desamor que de tan ciego peleaba por pedazos de beso y abrazo robados.

Hay quienes dicen que todos nosotros, corazones destrozados, no existimos sino en el olvido, por lo cual no somos reales. Y yo, sin voz, me lo creo sin reparos, voy trazando líneas en el muro de soledad alzado en mi pecho, esperando el fin de los tiempos, viendo a la noche engullir mi lucidez cual demonio infausto se instala de clérigo para asumir la tarea de redimir mi pena atroz.

Solo espero esa voz no decapite inocentes, espero a mi regrese dispuesta a hablar de todo lo que hay donde estuvo. Por mientras, yaceré de pie ante mi propia tumba imaginaria de hombre imaginario, sopesando las liricas del viento que arrasa mi lápida. Espero cosechar un nido de música y magia para que mi voz gastada reviva y vuele hacia cielos y mares, en los cuales sepa vivir en paz sin el eco que la enloqueció.

Joquín Toro

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