Inacabado

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Blindado el corazón negro surge de la tierra, de la garganta de hielo como espectro naciente del muerto. Oh la diosa del tridente, la de las lagrimas solas y la risa intempestiva; el sudor invisible fue vasija del descontento, mi risa fue atrapada por los escollos del placer fingido, del orgasmo inalcanzado en su unión contigo.

La rima fue loca, ataviada de jadeo surgiendo como marejada sobre mi cuerpo; el vuestro era temple de agua sondeando mi finitud intrépida, mi boca ávida, vulnerable. Noté tu beso como el hambre en el estómago, fue un trueno sordo sobre aguas vírgenes, bendita la fricción por lo explicita, y la poesía por lo verdadera.

Tu sed no se calmaba, eras animal tras la presa sin cesar en el empeño. Tus ojos develaban un sueño fracturado sobre los míos. Sentí calor y frio bajo la piel como nervios líquidos derramándose en la sangre. Tu fuerza bruta calibró el placer, mi voz fue tan clara como murmullo en la almohada, almohada de piedra, amarrada a mi cabeza, soltada como ancla en el viento sin hundirse del todo…

Cada caricia bendijo la trascendencia sin uso de razón, razón en un mundo que construimos en diez segundos y desarmamos en horas anormales de placer. ¡Ay ángel negro! tus cadenas por alas besaron al rojo mis muñecas maleables. Jugaste con mi cuerpo, guarnecido de poema, maltratado de besos.

Y la cadencia de tu verbo altivo forjó miradas…; Con fuerza descocías los muros frente a tu nariz.

Martin Cincinnati

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